
El martes 8 de esta semana fueron convocados a la huelga por los sindicatos 2,5 millones de funcionarios. Los mismos sindicatos que en los últimos 2 años han aceptado reducciones salariales en más de una ocasión para salvaguardar muchos menos puestos de trabajo. Pero claro, en esta ocasión hablamos de funcionarios. Esos trabajadores privilegiados que parece que vivan en una burbuja y que mantienen sus puestos de trabajo independientemente de la que esté cayendo.
La reducción salarial será de un 5% de media y supondrá para los que cobran menos como 4 cafés al mes y para los que cobran una cantidad considerable será más apreciable. Sin duda un esfuerzo que seguramente asumirían de buen grado todos aquellos que se encuentran sin trabajo e incluso los que si lo tienen si como contrapartida tuviesen esa estabilidad laboral tan idílica como la que disfrutan los llamados a la protesta.
Cierto es que estos trabajadores (excluyamos a la clase política y demás escoria) no son los causantes de esta crisis, pero también es cierto que no es algo local (aunque las medidas o no medidas de nuestros dirigentes hayan ayudado a meternos más en el fondo) pero tampoco son los causantes los casi 5 millones de desempleados de este país. Trabajadores que por seguro firmarían encantados estar en la situación de los que protestan hoy.
Afortunadamente no han sido tantos los insolidarios que ajenos a situación económica global han salido a exigir sus privilegios particulares.
Ilustración de García Moran/La Gaceta de Salamanca